lunes, 13 de mayo de 2013

Capitulo 2 - Doctrina y Nacionalismo


Capitulo 2
Doctrina y Nacionalismo


El nacionalismo es un valor insoslayable en cualquier doctrina o filosofía. A veces cuando hablamos del tema nos encontramos con una serie de prejuicios como en tantos otros temas que hacen al fenómeno del mundo político. 
Nosotros entendemos el nacionalismo casi como una obligación natural que tiene cualquier ciudadano que ama a su país y que está inserto en los cánones o en los parámetros de su comunidad. Para traducirlo en términos concretos, ser nacionalista no implica pertenecer a un partido político o a otro, o simpatizar con un uniforme o tener una actitud belicista, para nada se asocia con todo esto. Ser nacionalista significa simplemente defender a la nación por encima de los conceptos ideológicos, por encima de las actitudes partidarias, o por encima de cualquier grupo étnico del que eventualmente podamos descender, sobre todo en América, especialmente en Argentina por su distinta composición étnica. 
Al margen del concepto religioso, o juntamente con el concepto religioso, ser nacionalista no es otra cosa que tener un concepto abarcativo de cuál es el interés de nuestra nación por sobre la mezquindad que como personas o como partidos políticos podamos ejercer. Daría la impresión de que los argentinos carecemos de un sentido profundo de nacionalismo. 
Hemos dicho muchas veces que un país para ser poderoso requiere de un sentido nacionalista. En esto podemos hurgar en la historia y ver el concepto que tienen lo japoneses sobre su nación y al margen de la posición que ellos hayan tenido antes o después de la segunda guerra mundial, sin duda ejercieron un profundo nacionalismo. Lo mismo sucede en la Rusia de los zares, desde el comunismo, hasta lo que hoy significa. Luego que la Unión Soviética dejó de existir, Rusia sigue ejerciendo un sentido concreto de nacionalismo. No hablemos de EE.UU., porque nos imponen sus símbolos en todos los momentos que pueden hacerlo a través de sus producto culturales. Lo mismo pasa con otros países europeos.
 

El sentido de nacionalismo no es otro que defender los intereses de nuestra nación, en todos los ámbitos, en el ámbito político, en el ámbito económico y esencialmente en el ámbito cultural, porque realizando el nacionalismo en este ámbito lo realizaremos también en los otros aspectos antes mencionados. Muchos males de nuestro país se podrían haber evitado si hubiéramos tenido un concepto real de nacionalismo, que inclusive implica que nuestros adversarios son los mejores adversarios porque le pertenecen a nuestro país, significa respeto a nuestro oponente, respeto a nuestro contrincante. El nacionalismo no va a distinguir si ese adversario es radical, justicialista o frepasista. Creo que en esto el general Perón dio un paso adelante, cuando establece que "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino". Modestamente creemos, que aquí Perón resume lo que con tantas palabras queremos decir. 
Ante una globalización que todo lo abarca, ante una inminente e instalada universalización, el nacionalismo como valor en los pueblos, no dejó de existir, al contrario cobró mayor importancia. Nos acoplamos al mundo desde nuestra identidad, desde nuestro propio parámetro. Esta identidad y este parámetro son nuestro propio ser argentino. Si el ser argentino no está claro, no está fundamentado, no sabemos de dónde venimos, hacia dónde vamos y qué queremos lograr y comenzamos, entonces, a transitar un camino demasiado escabroso. 
El tema del nacionalismo, debe estar plasmado en los planes de estudio, tiene que ser mamado en la familia, tiene que haber un orgullo porque si no hay orgullo no hay legitimidad para mirarnos a nosotros mismos. Porque si como sociedad pensáramos que llamándonos John o Richard es mejor que llamarnos Ricardo o Juan ya arrancamos mal. Arrancamos mal porque no está el orgullo de decir mi abuelo se llamaba Eustaquio, se llamaba Juan o cualquiera de los nombres naturales de nuestra identidad, por la que debemos sentir orgullo, sentir respeto porque no somos menos que nadie. Por el contrario, si nos tomáramos la molestia de analizar nuestra historia, es muy probable que nos sintamos más que otros. No en el sentido de la soberbia, o con un sentido facilista, sino en la memoria y en el recuerdo de las epopeyas y sus respectivos héroes que hicieron posible nuestra nación. 
En ese contexto mencionamos a San Martín, a Belgrano y por supuesto también a Juan Manuel de Rosas. 
Nuestra identidad política es San Martín, Rosas y Perón. Estos próceres soñaron con un país poderoso. Nosotros a veces no tuvimos la suficiente hombría o el suficiente honor de llevar adelante en su totalidad el sueño de estos próceres. Creemos que la tarea Argentina es abrevar en nuestras raíces. No podemos insistir en el planteo acerca del origen de nuestras raíces (indígenas, o europeas). Nosotros somos lo que somos. El que tiene raíz indígena, es Argentino, el que tiene raíz europea, es también Argentino, porque lo que importa no es la discusión acerca de nuestras raíces, sino sentir y vivir la naturaleza de lo que verdaderamente somos, y somos por sobre cualquier cosa, Argentinos. 
Parece que los Argentinos nos consideramos expertos en buscar una excusa para no trabajar y definir cuál es nuestro destino. No nos damos cuenta de que así vamos a crear un sinnúmero de padecimientos. No hay padecimiento mas grande que el esperar que el tiempo nos caiga como un yunque en la cabeza. No hay que esperar que la miseria nos alcance, que la vicisitud, el hambre, lo funesto o la fatalidad saque afuera nuestra creatividad, nuestra fuerza interior, en síntesis nuestra necesidad de Ser. Tenemos que salir a ganarle al tiempo, a buscar el destino. No debemos tener miedo de la grandeza, tenemos que tutearnos con la ambición, todo se puede arreglar o mejorar, menos el miedo a Ser. Lo único irreparable es no haber sido. No debemos tener miedo a Ser. Lo imperdonable es no hacer nada para ser. 
A veces daría la sensación, cuando hablamos con muchas personas que vivieron parte activa de la historia reciente Argentina, identificados con cualquier ideología o partido político, que hay entre ellos un denominador común, ese gran denominador común es el no tener miedo a hacer ni ser algo. 
Lo imperdonable es no hacer nada. A veces daría la sensación que nos quedamos charlando, nos quedamos dando vueltas en preguntarnos ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?, ¿cuál es el sexo de los ángeles?, diluyéndonos en cuestiones intrascendentes y no ejerciendo la voluntad de Ser. 
En esto el Peronismo lleva mucha ventaja a los otros partidos políticos, porque el gran distintivo del Movimiento Nacional Justicialista es su vocación de poder. Cuando uno no analizó profundamente lo que significa la vocación de poder, hasta le da la timidez o falsa modestia o cierta vergüenza en decir "la ambición de poder". La ambición de poder no solamente no nos tiene que dar vergüenza, sino que tenemos que inspirarnos en esta frase, la del concepto total del término. Nosotros tenemos algo que contar a nuestros nietos, tenemos algo que contar a los demás. Nosotros no nos podremos lamentar de no haber hecho, ni de haber intentado ser. 
En esto recuerdo la frase de Almafuerte que dice en el poema de "Levántate Holgazán": "de tus sueños de holgazán no hables porque deben ser muy miserables". Quiero recordar esto y lo voy a repetir "de tus sueños de holgazán no hables porque deben ser muy miserables". En otra parte dice: "no temas ser verdad, ser mentira, la verdad es un molde que mejor rellena quien mas delira" es decir que la idea precede la acción. No debemos tener miedo en salir a ganarle al destino. En esto, los pruritos del "se puede" y el "no se puede" a veces atentan contra la capacidad de conquistar que todo argentino debe tener. 
Habrá quienes tiren para abajo, habrá quienes estén esperando que otros den los primeros pasos para avanzar. Nosotros trataríamos de formar una escuela de pensamiento que incluya un respeto muy profundo por la acción. Acá parece que hay un gran banco de jubilados mentales, de jubilados intelectuales en una imaginaria plaza, donde están señalando con el dedo a todos aquellos que se atrevieron a hacer. Pareciera ser que el deporte favorito de estos espectadores de la vida, es cazar argentinos. ¿El deporte nacional tiene que ser cazarnos entre nosotros?. 
La realidad debería contenernos a nosotros mismos como una gran familia. Avancemos hacia el mundo imponiendo nuestros autos, imponiendo nuestras bicicletas, imponiendo nuestra propia escudería, fabricando nuestros propios aviones como lo quiso hacer el general Perón, con el Guaraní y con otros emprendimientos. Después hubo una revolución libertadora que dijo: "esto lo hizo el peronismo, esta todo mal" y entregó las banderas a las potencias extranjeras, cuando nosotros mismos pudimos haber sido potencia. 
Al analizar el pasado del primero y segundo gobierno de Perón a uno se le cae un poco de historia encima, ¡cuan cerca estuvimos de ser alguien!, ¡cuan cerca estuvimos de ser un país mas combativo, un país en serio!. Lo mismo pasa cuando analizamos la historia de Rosas, cuando se le dijo al francés y al inglés, que no navegarían por nuestros ríos impunemente. Eso devino en muchas batallas, en mucha sangre derramada. Pero acá volvemos a un problema filosófico, ¿nos conviene como nación permanecer deseosos y sirvientes de otros pueblos?, ¿es vida desde el punto de vista del honor, desde el punto de vista de la realidad sentirnos inferiores?. Más vale vivir un año como león que cien años como cordero. 
Creemos que muchas enfermedades, mucha decadencia, mucha falta de inspiración deviene de no dar la lucha, de no dar batalla. Por esto es que el nacionalismo tiene que ser un sentimiento que esté grabado en letras de fuego, no un mero concepto leído en los libros. Este concepto es importante que se lo experimente a través de una cultura de la acción, porque lo intelectual es fundamental pero lo que graba de experiencia el alma es la acción. Si le decimos a una persona, "el frío es una sensación que uno tiene cuando carece de ropa", esta persona, nos responde: " claro, muy bien". Después de pasado un tiempo, cuando padezca el frío en una noche de invierno, esa persona jamás se va a olvidar que ese primero de junio de mil novecientos y tanto sintió, conoció y padeció el frío. Esta es la diferencia entre el conocimiento intelectual y la experiencia. Una persona que sufrió hambre no se olvida jamás que lo padeció, uno que fue marginado, que fue subestimado, expulsado de ciertos lugares, jamás lo olvidará. 
Nosotros tendríamos que estudiar mucha historia Argentina, la auténtica historia Argentina, no la que contaron desde la óptica liberal y desde una filosofía unitaria mirando a Francia primero, a Inglaterra después, y luego a EE.UU.. Tenemos que mirar más lo que fue la Pampa hacia adentro, lo que fueron las provincias, lo que realmente fueron nuestros caudillos. También como dice una canción "siempre en pie de guerra", ¿qué significaba?, significaba que había un ideal que imponer. Si eso significaba que alguien muriera en el campo de batalla, bienvenida la muerte, y no nos arrepentimos de esto que estamos diciendo, lo que no podemos ser, es miserables, lo que no podemos ser es perdedores, lo que no podemos ser, es ser cobardes. Todo lo demás es ganancia. 
El nacionalismo ejerce el fenómeno del que lo siente. Lo siente a San Martín como propio, lo siente a Rosas como propio, lo siente a Perón o a Facundo Quiroga o a otros héroes como propios, entonces el lazo que se establece entre el ciudadano argentino, y el ser Argentino se vuelve indisoluble. 
Los tenemos muy cerca de nuestros recuerdos, muy cerca de nuestro corazón. Cuando logremos que nuestros jóvenes se acerquen más a los verdaderos próceres que a los futbolistas que aparecen ganando 15 o 20 millones por un pase a Europa, o a ciertos modelos publicitarios, a ciertos ídolos de barro, puede ser que en nuestro país comience un cambio. 
Habrá sudor, habrá dolor, pero habrá también gloria. Pero si no estamos dispuestos a dar esta batalla nuestro país lamentablemente va rumbo a extinguirse. ¿Por qué no se extinguieron las grandes potencias?, ¿por qué Italia sigue siendo Italia después de haber sido Imperio Romano?. Seguramente porque en las cumbres y los valles de su historia, en el pro y en el contra de los hechos, nunca perdieron su identidad. Lo mismo sucedió con los españoles, con los ingleses, los japoneses, y con muchas otras naciones que jamás renunciaron a su identidad. 
Podemos coincidir en algunas cosas, no así en otras, pero nosotros tenemos todavía que dar esa gran batalla: la batalla del nacionalismo. Un radical tiene que ser nacionalista, un peronista tiene que ser nacionalista, un frepasista o comunista tiene que ser nacionalista. Pueden tener todas las ideas que los diferencien, que le parezcan mejores. Esto no lo negamos. No estamos hablando de un nacionalismo cerrado, de un nacionalismo estrecho, no estamos hablando de un nacionalismo que confronte por confrontar, pero ¿acaso las grandes empresas automotrices no imponen a rajatabla sus marcas, sus modelos?. 
Cuando hablamos de símbolos, el nacionalismo y su simbología están totalmente unidos. Miremos, el ovalo de Ford, el rombo de Renault, ¿por qué siempre son los mismos?. Si no le darían importancia a los símbolos los cambiarían por doquier, pero para Toyota, Ford, Chevrolet, Ferrari, los símbolos son su identidad y son todos conocidos, están colgados en los cuartos de los adolescentes, y son siempre los mismos porque justamente simbolizan el esfuerzo, la grandeza, la gloria que podía haber obtenido ese grupo que forjó esas empresas y las impuso en el mundo. Nosotros también tenemos que hacer eso, con nuestra Nación, con nuestra bandera y con nuestros símbolos, con nuestros nombres, con nuestros apodos. 
En las potencias hasta los delincuentes se hacen célebres, sino miremos a Jessie James, Bony & Clide. Nuestros héroes no gozan de esa celebridad. No le echemos la culpa a uno o dos comentarios malsanos que se hicieron sobre nuestros héroes. Pareciera ser una condición inherente a nosotros mismos estar en una opción equivocada en la que elegimos siempre el autodesprestigio. Tenemos una opción acertada que es la de dejar de mirarnos el ombligo y superar la autocrítica vana. Sino miremos el tema de Malvinas. Si fuéramos otro país estaríamos constantemente comentando las hazañas de nuestros héroes, que las hubo, y nuestras grandezas. En cambio, si bien hay un sector que sí lo hace, también hay sector que aún discute que si la guerra tuvo que haber sido, o si fue un oportunismo militar. Esta discusión me parece perfecta, pero la guerra de Malvinas ya es un hecho consumado. Busquemos lo bueno que hubo en este conflicto, destaquemos el respeto a los combatientes caídos en el suelo malvinense, por ende vayamos a abrevar el sentido heroico real y no el sentido de lo que no fue y pudo haber sido. ¿Cómo nos va a mirar el mundo?. Dirá: "son unos idiotas", porque seguimos peleando entre nosotros. 
Los ingleses hicieron tantas invasiones sangrientas, derramaron injustamente tanta sangre humana que comparando con "el posible error argentino", nos lleva casi, a nosotros, a la condición de párvulos teniendo como referencia su historia esclavizadora de otros pueblos. 
No tengamos miedo a ser, y a pesar de los años transcurridos debemos reclamar nuestros derechos soberanos. Lo de Malvinas no se puede descalificar, hay alguien que aún recuerda que un ser querido yace en ese suelo y eso lo va a estimular a la recuperación de esta tierra. Hubo gente que no lo interpretó así y fue oportunista, que Dios y la historia lo juzguen. Pero nosotros por respeto a los que cayeron tenemos que repudiar al que masacró al hombre de nuestras filas y no criticar las acciones que los nuestros pudieron haber tenido, buenas o malas. 
Tenemos una asignatura pendiente en este tema. 
Si somos nacionalistas tenemos que buscar todos los medios, todos, son todos. No son solamente los medios pacíficos. Todos los medios, porque cuando el mundo estuvo sometido a las colonias inglesas ¿cómo lo hicieron?, ¿cómo lo sometieron?; ¿cómo EE.UU. tomó el canal de Panamá?; ¿con una Biblia?; ¿por qué nadie condena esto?. Nosotros estamos hablando de condenarnos a nosotros mismos por errores políticos que tuvimos los argentinos. Busquemos todo, todo lo nuestro, lo bueno y lo malo. 
Pareciera que entre nosotros buscamos solo lo malo. Miremos al mundo y vamos a ver que volviendo al principio, el único defecto que no nos vamos perdonar es haber podido ser y no haber sido. Pero esencialmente tendremos que volver a solidificar una posición que tiene que ver con lo nacional. Un argentino tiene que ver la bandera Argentina y tiene que llorar de emoción, un argentino tiene que ver el escudo y no tiene que permitir jamás que alguien blasfeme, se burle, se ría sobre la bandera o sobre el escudo. Cuando se canta el himno hay que cantarlo con la más profunda emoción porque hubo gente que murió para que ese himno sea respetado, para que esa bandera sea impuesta y para que ese escudo sea venerado. Si nosotros no hacemos eso es porque no tenemos el mínimo sentido de la solidaridad entre hermanos y si no queremos y si no nos respetamos entre nosotros, tampoco vamos a estar capacitados para estar insertos en la globalización, porque si no respetamos a los que hablan nuestro idioma, a los que tienen nuestra misma religión, a los que tienen nuestras mismas raíces, mucho menos vamos a respetar a otros. En todo caso podríamos envidiarlos, lo que sería terrible, no mereceríamos nuestro propio respeto. 
No es en vano que hablemos de nacionalismo teniendo en cuenta que queremos hacer referencia a la doctrina justicialista, y que la doctrina justicialista esencialmente tiene una idea insoslayable, una idea fundacional que es el amor a la Patria, conjuntamente con lo que significa la justicia social, conjuntamente con lo que significa el socorro al más necesitado, la solidaridad, el compañerismo. 
Pero volviendo al tema del nacionalismo sin lugar a duda el justicialismo profesa e inculca el más profundo amor a la Patria, la más sentida devoción a los símbolos patrios, al sentir nacional y por supuesto como no puede ser de otra manera al pueblo argentino y a los más necesitados. La solidaridad de los marginados, de los que más necesitan, en su momento estuvo representado por las fuertes estructuras sindicales que representaban a los trabajadores, con un verdadero sentido nacional, tal como fue la formación política de nuestro líder el general Juan Domingo Perón. No es casualidad entonces, que hablemos de este nacionalismo, pero el sentido nacionalista a veces está equivocadamente asociado a grupos de personas fanáticas o grupos que están asociados con ejercicios violentos o con personas que tienen actitudes militaristas. El sentido nacionalista es un sentido muy abarcativo, es un sentido que tiene que ver con todos los representantes de la ciudadanía, con estudiantes universitarios, con trabajadores, con soldados, con obreros, con técnicos, con profesionales. 
El sentido nacionalista no está unido a un grupo que represente determinadas ideas o que se enfrenta con tal o cual interés a otro. Es totalmente abarcativo de todos los ciudadanos argentinos y en este sentido creo que la doctrina justicialista y el ejercicio del poder en su acción, en su práctica, ha marcado siempre un interés fundamental sobre el sentido de la soberanía, sobre el sentido de independencia cultural, sobre lo que significa la defensa de los intereses argentinos y los intereses del pueblo por sobre otra idea. Las grandes causas nacionales, las grandes causas argentinas, estuvieron inspiradas en el sentir del nacionalismo. Esto lo reproduce la doctrina Justicialista en su línea histórica de San Martín, Rosas y Perón, personajes de nuestra historia que defendieron y ejercieron en concreto la soberanía nacional. 
En el caso de San Martín como el padre fundacional de la patria, en el caso de Juan Manuel de Rosas como el que evita la disgregación nacional y consolida el organigrama de nación que establece el más profundo sentido de soberanía ante las potencias extranjeras, ejerciendo hacia el interior un verdadero federalismo. En el caso del general Perón es la diferenciación profunda de "ni yanquis, ni marxistas", la diferenciación profunda del capitalismo y el marxismo, y de la URSS y EE.UU., y la creación de la tercera posición como el equilibrio entre el Estado totalitario y el capitalismo salvaje donde vale más quien más tiene, y el ejercicio fundacional, continuando con Perón, de este movimiento, que es el Movimiento Nacional Justicialista. Los tres conforman nuestra línea nacional, nuestra línea de inspiración para todo lo que va a ser, para todo lo que deben ser nuestros ejercicios futuros. 
El nacionalismo bien entendido, el nacionalismo que estamos profesando, nada tiene que ver con ejercicios violentos, nada tiene que ver con estreches intelectual, nada tiene que ver con intolerancia, nada tiene que ver con descalificar a un grupo sobre otro de nuestra nación o de la humanidad toda, no tiene que ver con lo sectario, con lo racial, o religioso. Es simplemente el profundo respeto a nuestros propios valores, el mirar al espejo de nuestra propia identidad, el defender por sobre otro tipo de intereses el interés de nuestro pueblo y de nuestra nación. Es este el nacionalismo del que estamos hablando, el nacionalismo de San Martín; Rosas y Perón.




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