lunes, 13 de mayo de 2013

Capitulo 6 - La militancia


La militancia
Toda doctrina, toda escuela de pensamiento tiene adherentes o simpatizantes. El movimiento Nacional Justicialista lleva a lo largo de su historia innumerable cantidad de militantes, de personas que han abrevado en su doctrina y que generosamente han dado su tiempo, y en muchos casos, más aún, su vida, en pos de un sentimiento y de un ideal comunitario surgido en la Argentina a partir de la presencia de Perón y Evita.
La historia Peronista se ha nutrido de la generosidad de sus militantes.

Los militantes de otrora estaban motivados por ideales, por una acción desinteresada. El paso del tiempo, el materialismo que fue enquistándose cada vez más en la sociedad, ha hecho que en apariencia, y sólo en apariencia, esta raza de militantes desaparezca. En realidad no desaparecieron. Se vieron tal vez tapados por pequeños y ocasionales grupos con una gran dosis de egoísmo que han colocado una tarifa, un precio al servicio de la política, o al servicio de determinadas candidaturas, o de intereses concretos y personales. La actitud del militante es una actitud contraria al interés egoísta, es una actitud contraria al arancelamiento del líder barrial, o caudillo barrial, la actitud militante es la solidaridad del vecino con su semejante. Esta generosidad de militante se antepone al planteo de un mundo tan materialista, se antepone a una época donde sólo importa lo que se "tiene".

Muchos dirigentes cuando acceden a un espacio de poder, se nutren más por aparatos arancelados que por la actitud sincera y militante de aquellos que generosamente otorgaron su trabajo, su sacrificio y su tiempo al Movimiento Nacional Justicialista. Esto es parte de la decadencia de la política en general y de la sociedad en cuanto a la actitud desinteresada que deben tener los que se entregan al quehacer político de todos los partidos.

En nuestro Movimiento, específicamente el Movimiento Nacional Justicialista, la actitud militante está viva. Basta con concurrir a cualquier acto político en cualquier rincón del país para tomar conciencia que la evocación de Evita y de Perón son evocaciones sinceras que nacen del corazón de la gente más simple. Hay allí un sentimiento vivo en cuanto a las valores que nuestro movimiento ostenta. Deberíamos cambiar en realidad el ángulo con el cual miramos la actitud de los demás. Tenemos que valorar más las actitudes sinceras, que a veces no son tan pomposas, y que no por simples dejan de estar llenas de amor y solidaridad a nuestros semejantes. Esta actitud militante es la que sostiene la doctrina y la que debemos rescatar.
Las antiguas unidades básicas eran centros solidarios de asistencia al necesitado. La figura, que sin duda, refleja cabalmente la actitud militante dentro del Peronismo, es la figura de Evita. Lo es por las características que tuvo. Fue una legitima representante de los más necesitados por su historia de orfandad, por su historia de suma pobreza. Tuvo enfrente determinado sector de la sociedad que la combatió y la sigue combatiendo aún. Por cosas del destino tuvo que tutearse con el poder al contraer matrimonio con el general Perón. Luego ya instalados en el poder, ella se mantiene esquiva y al margen del efecto contaminante que el poder conlleva. Evita dejó al Peronista, y a la gente en general, a aquel que sabe ver con imparcialidad lo que sucedió, dejó una bandera hoy insoslayable en la lucha por la justicia social. No se contaminó con el poder, porque no contaminarse con el poder no es seguir vistiendo harapos o un calzado deteriorado, sino que su espíritu y su alma siguieran vinculadas y comprometidas con los que más necesitaban. En todas los años que Evita se tuteó con el poder, lo utilizó para reivindicar a los marginados o despreciados sociales. Lo hizo de la única manera que se puede evitar que el poder corrompa, es decir apasionadamente, incondicionalmente.

Cuando comenzamos a medir hasta dónde hay que dar, cuando comenzamos a medir hasta dónde llega la generosidad, cuando cuantificamos la necesidad del otro tal vez sin querer, estemos dando paso a una especulación y de la mano de la especulación a la corrupción. El corromperse interiormente, es pasarse, como diría Evita, al bando de los enemigos o despertar el oligarca que todos tenemos adentro, como  también solía decir. Nosotros creemos que Evita dio justamente todo lo que tenía desde el poder para compartirlo con los que más necesitaban, de una manera obsesiva, de una manera fanática. Para nosotros el Peronismo reivindica esa manera o esa forma de vivir; porque lo otro, la antítesis, es dosificar el tiempo y ¿quién tiene la autoridad moral para decir cuántas horas tiene uno que dedicarse a los demás?, ¿cuántas horas tiene que dedicarse a la Familia?, ¿cuántas horas tiene que dedicarse a leer?, o ¿vamos a creer que es verdad esa estupidez de ocho horas para descansar, ocho horas para trabajar y ocho horas para divertirse?. Los Peronistas no somos androides, hay un problema de cantidad, y hay problema de calidad también en el tiempo.

Una de las cosas que también entregó Evita en forma incondicional, fue su tiempo. Su tiempo y su contacto con los que más necesitaban, ese cable a tierra que nunca perdió, ese espejo o ese mirar a los necesitados o mirar a la pobreza donde constantemente pareciera que vio su propia vida a la que nunca la divorció de su historia y de su pasado. Por eso pensamos que nunca entregó su tiempo y su confianza nunca se relajó con otras clases sociales, y siempre huyó del egoísmo de la oligarquía, lo enemigo de lo popular.
Su muerte prematura, su incondicionalidad para con los "cabecitas", para con los que mas necesitaban; su incondicionalidad para la gente del interior; para con los simples de espíritu; su incondicionalidad con Perón; y con la revolución Justicialista; la hicieron ni más ni memos como el Peronista la siente: La jefa espiritual del Movimiento Nacional Justicialista, sentimiento que hoy perdura y se proyecta en el horizonte de la revolución Justicialista. La disyuntiva Perón o Evita, es un tontería que el Peronista nunca tuvo como opción, es otro invento de los que especulan, y hablan lo que no comprenden, porque comprender el fenómeno Peronista "desde no ser Peronista" es casi imposible. Por eso es muy difícil opinar sobre el Peronismo sin serlo, sin sentirlo, o sin haberlo vivido.
El Peronista también dice que siempre votará al peronismo, porque concibe una fidelidad con la memoria de Perón y la memoria de 
Evita, con la memoria de nuestros héroes y de nuestros mártires que va más allá de una coyuntura política. Siempre hemos tratado de ser amplios, de comprender otros pensamientos, pero también es cierto que la conciencia de nuestra historia, la vigencia de nuestros lideres, Perón y Evita, nos ha marcado de una manera indeleble, por esto tenemos la convicción de que: "el peor de los nuestros" es superior "al mejor de ellos". Es algo que se lleva muy adentro, y además hay un sentir de fidelidad con nuestra historia. No votamos una coyuntura, siempre votamos al Peronismo, eso también lo transforma en invencible.
No vamos a cambiar de idea. No nos importa si muchos Peronistas se convirtieron en insensibles, o si muchos gobernantes fueron Peronistas y dieron la espalda a la doctrina de Perón y Evita. Nos afecta ¡si!, pero no van a quebrar nuestra voluntad de continuar amando este movimiento. No vamos a abandonar el partido Justicialista. No vamos a crear un nuevo partido, aún tenemos mucho que profundizar, mucha riqueza que descubrir, que develar en nuestra propia doctrina como para intentar descubrir "algo nuevo" pero vacío de historia y de sentimiento.

"El cambio" es una actitud liberal de los que pretenden darle un portazo a la historia, a la mística de un pueblo. Son los abanderados de la modernidad que buscan en otras playas las bendiciones que desprecian en su propia tierra. "Cambio" como actitud social es una palabra banal. Nosotros, los Justicialistas, preferimos palabras como revolución, evolución, transformación, palabras mucho más profundas que "cambio". "Cambio" no es un objeto que sacamos de un lugar y lo ponemos en otro. Lo que nos hace peligrosos para los Imperios y para la Oligarquía es que nosotros no cambiamos de idea. Por más que en infinidad de libros, de documentales, en películas dirigidas por directores ingleses, en que se nos otorga el mote de fachos, nazis, y demás estupideces, seguimos manteniendo nuestra identidad, nuestra idea de justicia, de libertad y soberanía que nos vuelve peligrosos a los ojos de los que dominan el mundo. Esto, es el ¡Ser Peronista!, y como tales transferimos ese sentimiento a nuestros hijos. Esta propiedad de sentimiento y de transferencia Peronista está viva y vigente en el interior de la provincia de Buenos Aires y en la gran mayoría del interior de las provincias Argentinas. No es casual que en las grandes ciudades o capitales, gane el radicalismo y la alianza o triunfen electoralmente otras posiciones políticas vecinales. En los lugares donde la tradición está más presente, en las regiones rurales, como en los grandes conglomerados conformados por hombres con raíces en el interior, el Peronismo es fuerte y se sigue imponiendo sin dificultades como mayoría.

Nosotros tenemos que reivindicarlo, debemos tomar de las grandes urbes lo positivo, pero no comprar la actitud liberal que venden los shopping, la moda, y que nos alejan del otro, de su valor como persona, de sus expectativas, de sus sueños y sus carencias, para convertirnos a todos en una gran masa consumista barnizada de progreso cultural.

La peligrosidad, insisto, del Peronismo para el enemigo de la Nación, es la conciencia de que a pesar de los errores, a pesar de los que se han servido de nuestras banderas por apetencias personales, busca el bien común, enaltece lo humano por sobre el bien material, privilegia la justicia por sobre el progreso, y desea la felicidad del pueblo por sobre el interés de los Imperios.

Sin duda cuando hablamos de que el peor de los nuestros, es superior al mejor de "ellos", estamos refiriéndonos al verdadero Justicialista, no aquel que aparentó, o se infiltró en nuestras filas como ocurrió en otras oportunidades. No obstante han aparecido vistiendo o aprovechando las bondades de nuestra doctrina, de nuestros símbolos o de nuestros triunfos electorales. Nuestra mayor eficiencia es nuestro alto índice de fidelidad al partido, inigualable en la historia política Argentina. En la actualidad las encuestas reflejan que el mayor índice de fidelidad a un partido político, lo tiene el justicialismo. Esto es cierto y constituye nuestra peligrosidad, porque a pesar de las campañas que se han hecho atacando el Peronismo, seguimos teniendo el boca a oído, seguimos teniendo cultores de nuestra doctrina, y de nuestra forma de vivir que va pasando de generación en generación porque cuando un Peronista lo és con todas las letras, es muy difícil que se aleje del partido, por coyunturas electorales.

Mucha gente de la alianza dice: "El Peronismo no nos dio un lugar". El lugar se gana, se pelea. Ante la derrota circunstancial esperaremos trabajando por la victoria. Siempre algo se puede hacer desde adentro. Si por cada inconveniente intentaramos fundar un nuevo partido, desde ese criterio, según los cultores de la separatividad, tendríamos que fundar un país nuevo o una nueva familia, etc. ¡No!, no es así. Uno tiene que asimilar, y mejorar la realidad que nos circunda, tomar conciencia y valorar lo que uno tiene para poder perfeccionarlo. Evita en este sentido nos mostró la iluminación no la ceguera del fanatismo. Fanatismo es una palabra mal conceptuada. Puede ser un fanatismo inspirado en el rencor, en el egoísmo. Pero, cuando el fanatismo está de la mano del dar, de la pasión, de la solidaridad, de la convicción, se convierte en algo hermoso, algo digno. Los santos de alguna manera fueron fanáticos por el bien. El fanatismo de Evita no fue para acumular riquezas personales. El fanatismo de Evita fue para que el tiempo le alcance para poder seguir rescatando gente de la necesidad. ¿Cómo podemos criticar ese fanatismo?. A ese fanatismo: ¿se le puede oponer la equidad del que necesitaba más de ocho horas para descansar?. Entre una y otra cosa, está claro por lo que nosotros optamos. Optamos por el aparente fanatismo desmedido que tenía como objetivo el dar y el compartir. Aquel fanatismo que tuvieron los pilotos Japoneses con el Banzai, los Kamikazes fue por su país y por su patria. Ahora bien, cuando ese mismo acto heroico que se tildaba de fanatismo ciego y cruel, lo hacen las potencias que ganaron la guerra, entonces sí era oficialmente un acto heroico y digno de estatuas, medallas, etc. En este caso parece ser cierto que la historia la escriben los que ganan.
Evita fue una cultora del dar, una apasionada de la causa nacional, de los más humildes y necesitados. Su acción social marcó espiritualmente el sendero de los militantes. Si el militante se tiene que formar, debe inspirarse en un marco de referencia que sin dudad es Evita. Perón era un estratega, el origen de nuestro movimiento ni más ni me nos.
Nosotros debemos comprender también que lo eleccionario, es decir, la circunstancia de enfrentar una elección es coyuntural, porque si el político o el militante se obsesiona por el triunfo electoral puede sin quererlo dar la espalda a la identidad que nos dio origen. Si vemos a través de las encuestas que es lo que la gente quiere escuchar, estamos dando un portazo a la doctrina. Nosotros tenemos que saber explicar e imponer cuáles son los valores del Justicialismo. A veces nos hemos equivocado, y hemos colocado el carro delante del caballo. Hemos ido detrás del triunfo electoral, sin ir detrás de la convicción para imponer nuestros ideales.

No pensemos en perder o en ganar, porque sería negativo ganar dando la espalda a la doctrina, a nuestros ideales, seria, reiteramos, un ejercicio negativo. Pero perder una elección y ser coherente con nuestra doctrina nos va a llevar tarde o temprano a la victoria. Entonces tenemos que dejar que los ejercicios de depuración social y depuración de políticos se cumplan. Tenemos que ir a la lucha electoral, tenemos que ir a la batalla cotidiana teniendo conciencia de cuáles son nuestros valores sin esperar que una encuesta o un centro de opinión nos diga qué quiere escuchar la gente, o determinadas "mayorías" sobre tal o cuál tema. Uno de los problemas que condiciona la actualidad de los políticos, es que opinan de acuerdo a lo que les parece que la gente quiere escuchar. El debate entonces, es un debate estúpido, de sordos, porque nadie dice lo que piensa. A nadie se le escapa que la prensa tiene una intencionalidad y que está dirigida hacia determinados objetivos, pero nadie lo dice porque el que lo entrevista es un periodista. Temen por lo mucho que tienen que perder. Sólo dicen: "que loable, lo suyo señor periodista". Hay periodistas que son loables y dignos de ser admirados, pero también hay periodistas despreciables, como abogados, médicos, o militares, y políticos, que desvirtúan la nobleza de cada actividad. Muchas empresas multinacionales y los grupos periodísticos que la representan tienen una intencionalidad. No pretendemos que las multinacionales a las que el Justicialismo siempre enfrentó reivindiquen nuestra doctrina. No estarán de acuerdo con nosotros porque dependen de otros intereses. Nosotros tenemos que prepararnos para nuestras contiendas electorales de cara a nuestra doctrina, de cara a nuestro compromiso histórico, y a nuestro deber de justicia social. Lo demás es relativo, porque insistimos, si triunfamos en una elección y nos equivocamos en nuestra forma de gobernar y le demos la espalda a nuestra historia, a nuestra doctrina, esa aparente victoria se convierte en una vergonzosa derrota. Por el contrario, perder a veces, pero siendo coherentes con nuestro dogma hará que tarde o temprano nos acaricie la victoria.

Hablábamos recién de corporaciones periodísticas. Es muy distinto el pensamiento de una empresa, o de una gran corporación internacional, que activa una empresa periodística local que sostiene lo contrario a nuestra doctrina, a nuestros ideales, lo contrario a nuestros ideales, son sus intereses. Estas empresas, como toda empresa nada más que en el rubro periodístico, tienen objetivos. El primer objetivo es ganar dinero. Junto con el dinero deviene el poder que esto implica. A veces con el poder y el dinero pasa como con el huevo y la gallina, no sabemos qué es primero, si el poder otorgó el dinero, o si, a través del dinero que se fue acumulando con el poder se acumula más poder aún. El tema pasa por comprender que muchos de los programas periodísticos no están defendiendo ideales ni son sinceros en su apreciaciones, sino que están defendiendo intereses. Estos intereses tienen que ver con los capitales, con el dinero y con los objetivos que estos grupos tienen en si. Si muchas de las cadenas periodísticas están asociadas a intereses del primer mundo, a los países del norte, va a ser muy difícil que reivindiquen al peronismo, que reivindiquen nuestra doctrina y nuestra nacionalidad, porque si reivindicaran estos valores, estarían obrando y actuando en contra de sus propios intereses. Por ende, lo expuesto en los periódicos no siempre reflejan la sinceridad de un pensamiento al que nosotros respetaríamos con sumo agrado, haciendo gala de un verdadero, pluralismo, y teniendo conciencia que no todos podemos ni debemos pensar igual. Lo que si atacamos es cuando alguien expresa pensamientos que no están nutridos en la sinceridad, o no están nutridos en la óptica de sentir y de apreciar la vida desde un parámetro distinto, sino que más bien estos pensamientos están totalmente subordinados a intereses. Cuando los pensamientos están subordinados a intereses, no son pensamientos, son una serie de artilugios eventuales, son una serie de falacias, una cantidad de ocurrencias de falsos ejemplos, de pautas publicitarias que atacan un pensamiento, una doctrina, que atacan un criterio. Cuando el Peronismo y la doctrina justicialista defienden los intereses de la nación, lo hace frente a esta corporaciones de prensa locales cuya central esta a una latitud, y a una longitud muy lejana a la República Argentina. En esto debemos tener especial cuidado y comprender que los grandes medios de prensa muy difícilmente sean aliados del Peronismo, porque defienden intereses distintos y en la mayoría de los casos opuestos.


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