lunes, 13 de mayo de 2013

Capitulo 7 - Ética y Humanidad


Pedro Bonifacio Palacios: "Almafuerte". 

Todos tenemos nuestra atracción con lo que leemos y lo que queremos comprender, compartir y convivir. Siempre hemos pensado que uno de los poetas, o escritores más grandes de nuestra Nación es Almafuerte, es decir, Pedro Bonifacio Palacios. 

Comparando algunos de sus escritos surge el nombre de Kipling Rudyard. Kipling Rudyard había hecho una opción de vida en su momento abrazando la cultura de la India y desechando la británica. No obstante los británicos reivindicaron su obra literaria llevándola a un importantísimo sitial en el universo de la literatura sajona. Kipling Rudyard fue verdaderamente optimista. Su apuesta fue buscar el significado y develar: ¿qué era el Ser?, o qué significaban los valores sustantivos del Ser humano. Este parece ser el punto de coincidencia con Almafuerte. Almafuerte dice: "no te des por vencido ni aún vencido", trata de bucear en el origen de la voluntad, de la capacidad que tiene el hombre de imponerse a su medio, de imponerse a las limitaciones que justamente pretenden eso, limitar y de estrechar su dimensión humana. 
También Almafuerte es un cultor en decir lo que siente, en esgrimir su pensamiento sin que le importe a quien molestaba. Es, por sobre todo, conmovedoramente fiel asimismo. 
De todos modos lo importante de Almafuerte fue la virtud, la coherencia de su vida, cuando fundó escuelas "sin ser maestro con título". Pero nadie puede poner en tela de juicio su vocación docente. Después de fundar una escuela desde la nada pasaba a otra latitud a crear otra. Fue así la mayor parte de su vida. Mostró la misma tenacidad cuando en una etapa de su vida cayó en el alcoholismo. Esa enfermedad que había contraído la supera completamente y funda una de las asociaciones de alcohólicos anónimos llamadas hoy grupos de autoayuda. También creó un orfanato, donde vivía. 
Esencialmente su vida no la podemos catalogar por la capacidad que pudo haber tenido para crear instituciones sino más bien por su coherencia, y por su vocación indeclinable, por el compromiso cabal e intransferible con su verdad. Muchas de las cosas que ha escrito no son muy agradables al oído pero cumple con aquello de estimular la razón y de estimular la búsqueda de la verdad. La obra de Palacios no ha sido tal vez correctamente difundida. Vuelvo a mencionar aquí una vieja deuda en la educación Argentina, la ausencia de la obra literaria y filosófica del indomable Pedro Bonifacio Palacios.

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